A veces sabemos que algo no está bien, pero no terminamos de comprender por qué.

Podemos sentir ansiedad cuando aparentemente no hay un motivo claro, encontrarnos una y otra vez en relaciones parecidas o reaccionar de maneras que después nos cuesta entender.

La psicoterapia psicoanalítica parte de una idea fundamental: no todo lo que sentimos, pensamos o hacemos nos resulta completamente consciente.

Por eso, además de aliviar aquello que genera malestar, propone intentar comprender qué lugar ocupa en nuestra historia, cómo se ha construido y qué puede estar expresando.

Más allá del síntoma

Desde una mirada psicoanalítica, una persona no se reduce a aquello que le ocurre en este momento.

Somos también nuestra historia: las relaciones que tuvimos, la manera en que fuimos cuidados, las pérdidas, los conflictos, las experiencias que nos dieron seguridad y aquellas que nos hicieron sentir vulnerables.

Todo eso participa en la forma particular que cada uno desarrolla de relacionarse consigo mismo, con los demás y con lo que le sucede.

Por eso, cuando alguien consulta por ansiedad, ataques de pánico, dificultades en sus relaciones, pensamientos recurrentes o somatizaciones, no nos preguntamos solamente cómo hacer desaparecer el síntoma, sino también:

¿Por qué este malestar aparece de esta manera en esta persona y en este momento de su vida?

Dos personas pueden presentar el mismo síntoma y, sin embargo, aquello que lo sostiene puede ser completamente diferente.

Escuchar qué tiene para decir un síntoma

Una de las ideas que más me interesó del psicoanálisis desde mis primeros acercamientos a la teoría fue aprender a pensar el síntoma no únicamente como algo que hay que eliminar, sino también como algo que puede ser escuchado.

Esto no significa romantizar el sufrimiento.

Significa preguntarnos qué función puede estar cumpliendo ese malestar, cuándo apareció, en qué situaciones se intensifica y qué relación puede tener con nuestra historia o nuestra manera de vincularnos.

A veces, algo que inicialmente parecía incomprensible empieza a adquirir sentido cuando podemos relacionarlo con otras experiencias.

Nuestra historia nos construye, pero no nos condena a repetirla

A lo largo de nuestra vida desarrollamos diferentes formas de protegernos y relacionarnos.

Quizá aprendimos a complacer para no correr el riesgo de perder el afecto de alguien. A controlar para sentir seguridad. A exigirnos constantemente porque sentimos que nuestro valor depende de aquello que conseguimos. O a alejarnos cuando un vínculo comienza a ser importante.

Muchas de estas formas de funcionar pudieron tener sentido en algún momento.

La dificultad aparece cuando continúan repitiéndose aunque nuestras circunstancias hayan cambiado.

La terapia permite observar estos patrones, comprender cómo se construyeron y empezar a preguntarnos si queremos seguir relacionándonos de la misma manera.

Comprender el pasado no significa quedarse atrapado en él. Puede ser precisamente una forma de dejar de repetirlo automáticamente.

Trauma, vínculos y experiencias que dejan huella

Cuando hablamos de trauma no necesariamente nos referimos solo a acontecimientos extremos.

También importa cómo determinadas experiencias fueron vividas y qué recursos tenía esa persona para poder procesarlas en aquel momento.

Experiencias de pérdida, inseguridad, rechazo, abandono o falta de reconocimiento pueden dejar huellas que posteriormente aparezcan en nuestros vínculos, nuestros temores o nuestra manera de interpretarnos a nosotros mismos.

En ocasiones, algo del pasado continúa haciéndose presente sin que podamos identificar claramente esa conexión.

La psicoterapia ofrece un espacio para poder reconocerla y elaborar aquello que hasta entonces quizá solo aparecía como angustia, conflicto o repetición.

Poner palabras a lo que nos pasa

El lenguaje ocupa un lugar central en la psicoterapia psicoanalítica.

Los seres humanos no solo vivimos experiencias: también construimos significados alrededor de ellas.

En terapia prestamos atención a lo que decimos, pero también a lo que repetimos, lo que nos cuesta expresar, las contradicciones y las historias que hemos ido construyendo sobre quiénes somos y qué esperamos de los demás.

Por eso hablar en terapia no consiste simplemente en desahogarse.

Poner palabras puede permitirnos transformar una experiencia confusa en algo que podamos pensar, relacionar con nuestra historia y elaborar de otra manera.

Nombrar aquello que nos ocurre no hace desaparecer automáticamente el sufrimiento, pero puede abrir nuevas formas de comprenderlo y posicionarnos frente a él.

Mi encuentro con el psicoanálisis

Mi vínculo con la teoría psicoanalítica comenzó en 2014, inicialmente desde dos lugares diferentes pero profundamente relacionados: como estudiante de Psicología y también desde mi propio proceso terapéutico.

Desde entonces he continuado profundizando en esta forma de comprender al ser humano a través de la formación y de mi práctica clínica.

Una de las cosas que más valoro de esta perspectiva es que permite mirar a una persona sin reducirla a un diagnóstico o a una lista de síntomas.

Me interesa comprender cómo se ha construido esa persona, qué experiencias la han marcado, qué recursos ha desarrollado, cómo pueden configurarse determinadas experiencias traumáticas y por qué ciertos conflictos o síntomas aparecen de la forma particular en que lo hacen.

Entender al ser humano como el resultado de una historia singular, con sus fortalezas, sus vulnerabilidades y su manera propia de relacionarse con el mundo, continúa siendo una parte central de mi forma de trabajar.

¿Cómo es una psicoterapia psicoanalítica?

No existe un guion fijo para cada sesión.

Podemos trabajar sobre aquello que esté ocupando a la persona en ese momento: una relación, una preocupación, algo sucedido durante la semana, un recuerdo o incluso una sensación difícil de explicar.

A partir de ahí vamos reconociendo conexiones y patrones.

Temas que reaparecen. Emociones que se activan ante determinadas situaciones. Formas de relacionarnos que quizá se repiten en distintos vínculos.

La psicoterapia psicoanalítica utiliza conceptos procedentes del psicoanálisis, pero no implica necesariamente el formato del psicoanálisis clásico ni acudir varias veces por semana.

Lo fundamental está en la manera de escuchar y comprender aquello que ocurre, adaptando el proceso a las necesidades de cada persona.

¿Cuándo puede resultar útil?

Puede ser especialmente interesante cuando sentimos que existe algo de nuestro malestar que queremos comprender con mayor profundidad.

Por ejemplo, ante:

ansiedad o angustia;

conflictos que se repiten en nuestras relaciones;

dificultades para poner límites;

dependencia emocional;

autoestima y autoexigencia;

duelos y pérdidas;

miedos o inseguridades;

somatizaciones y malestar emocional;

crisis vitales;

dificultades de pareja;

sensación de vacío o insatisfacción.

También puede ser un espacio para quienes simplemente quieren conocerse mejor y comprender su manera de sentir, relacionarse y tomar decisiones.

Psicoterapia psicoanalítica en Madrid y online

Actualmente trabajo como Psicóloga General Sanitaria con adultos y parejas desde una orientación principalmente psicodinámica y psicoanalítica, incorporando otras herramientas cuando las necesidades del proceso lo requieren.

Realizo psicoterapia presencial en Madrid, en la zona de Avenida de América, y también online.

Cada proceso comienza intentando comprender qué está ocurriendo y qué lleva a esa persona a consultar.

Porque antes que un síntoma, un diagnóstico o una técnica, hay una persona, una historia y una manera singular de estar atravesando aquello que le sucede.

Si estás pensando en comenzar terapia

Si sentís que determinadas emociones, situaciones o formas de relacionarte se repiten y te gustaría comprenderlas con mayor profundidad, podemos tener una primera conversación para conocer qué está ocurriendo y valorar cómo podría acompañarte.

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