Dolores que aparecen en momentos de mucho estrés. Molestias digestivas que se intensifican cuando estamos atravesando una situación difícil. Tensión muscular, cansancio, palpitaciones o síntomas físicos que parecen empeorar en determinados momentos de nuestra vida.
A veces realizamos estudios médicos y no encontramos una explicación suficiente. Otras veces sí existe una enfermedad orgánica, pero observamos que su evolución parece relacionarse también con nuestro estado emocional.
Entonces aparece una palabra que utilizamos cada vez con mayor frecuencia:
somatizar.
Pero ¿qué significa realmente?
Y, sobre todo, ¿qué relación puede existir entre aquello que nos pasa emocionalmente y lo que ocurre en nuestro cuerpo?
Antes de tener palabras, ya teníamos cuerpo
Hay algo que a veces olvidamos: el cuerpo es nuestra forma más primaria de responder al mundo.
Mucho antes de poder decir “tengo miedo”, nuestro corazón podía acelerarse.
Antes de saber explicar que necesitábamos a alguien, podíamos llorar.
Antes de poder reconocer que algo nos generaba angustia, nuestro organismo ya era capaz de tensarse, alterarse o reaccionar.
La palabra llega después.
A medida que crecemos, vamos desarrollando otras herramientas para procesar lo que vivimos: podemos pensar, imaginar, recordar, hablar, pedir ayuda, llorar una pérdida, ponerle nombre a una emoción o relacionar lo que nos ocurre hoy con algo que vivimos anteriormente.
Pero esas capacidades no funcionan siempre de la misma manera.
Hay experiencias que conseguimos elaborar y otras que nos desbordan.
Y cuando existe más malestar del que en ese momento podemos pensar, representar o poner en palabras, el cuerpo puede adquirir un protagonismo mayor.
Pierre Marty y la idea de mentalizar
El psicoanalista francés Pierre Marty, uno de los principales representantes de la Escuela Psicosomática de París, dedicó gran parte de su trabajo a intentar comprender por qué algunas personas, frente a determinadas situaciones de sobrecarga, parecían responder especialmente a través del cuerpo.
Una de las ideas centrales de su teoría fue la mentalización.
Dicho de una forma sencilla, mentalizar implica poder transformar aquello que nos ocurre en algo que pueda ser procesado psíquicamente.
Poder sentir.
Pensar.
Imaginar.
Recordar.
Relacionar una experiencia con otra.
Dar significado.
Y, eventualmente, ponerlo en palabras.
Cuando podemos hacer ese recorrido, una parte de la tensión producida por aquello que vivimos puede tramitarse psicológicamente.
Pero hay momentos en los que esa capacidad puede resultar insuficiente.
Una pérdida demasiado dolorosa.
Una situación que nos desborda.
Un conflicto que se prolonga durante meses.
Una experiencia para la que todavía no tenemos palabras.
O incluso una forma aprendida durante muchos años de seguir adelante sin detenernos demasiado en aquello que sentimos.
Desde la perspectiva de Marty, cuando disminuyen estas posibilidades de elaboración psíquica, la vía corporal puede cobrar mayor importancia.
Cuando hacemos, resolvemos y seguimos... pero no elaboramos
Marty y Michel de M'Uzan describieron también algo que denominaron pensamiento operatorio.
El nombre puede sonar complejo, pero la idea resulta bastante reconocible.
Se refiere a una forma de funcionar muy centrada en los hechos, lo concreto y aquello que hay que hacer, con poco espacio para registrar o elaborar la experiencia emocional.
Puede sonar algo así:
“Pasó esto. Después hice esto. Después fui a trabajar. Después solucioné aquello.”
La vida continúa funcionando.
Cumplimos.
Resolvemos.
Nos ocupamos.
Pero puede resultar mucho más difícil responder:
¿Cómo te afectó lo que pasó?
¿Qué sentiste?
¿Qué significó para vos?
¿Qué cambió internamente después de esa experiencia?
No significa que una persona no tenga emociones.
Significa que, en determinados momentos, puede tener dificultades para transformarlas en representaciones, pensamientos o palabras que le permitan procesarlas.
Y aquello que no logra suficiente elaboración psíquica no desaparece simplemente porque continuemos funcionando.
¿Entonces el cuerpo “habla”?
Podemos utilizar esa expresión como una metáfora, pero conviene entenderla bien.
Decir que “el cuerpo habla” no significa que cada enfermedad esconda un significado psicológico que tengamos que descifrar.
No podemos afirmar, por ejemplo, que un dolor en determinado órgano signifique necesariamente un conflicto emocional específico.
De hecho, la propia tradición de Pierre Marty se distancia de esa lectura simplista: una enfermedad somática no funciona necesariamente como un símbolo que pueda traducirse directamente.
Lo que podemos preguntarnos es algo diferente:
¿Qué estaba ocurriendo en la vida de esta persona cuando apareció o se intensificó el malestar?
¿Qué nivel de exigencia estaba soportando?
¿Había pérdidas, conflictos o cambios importantes?
¿Podía registrar lo que estaba sintiendo?
¿Tenía recursos para elaborarlo o llevaba meses simplemente intentando seguir adelante?
El cuerpo y la mente no son dos sistemas completamente separados.
Forman parte de una misma persona.
Somatizar no significa inventar un síntoma
Este punto es fundamental.
Un síntoma físico relacionado con factores emocionales no es un síntoma fingido ni imaginario.
El dolor puede ser real.
Las molestias pueden ser reales.
El impacto sobre la vida cotidiana también puede serlo.
Sabemos además que el estrés y el malestar emocional interactúan con sistemas fisiológicos como el sistema nervioso autónomo, endocrino e inmunológico.
Pero tampoco debemos cometer el error contrario.
No todo síntoma físico es psicológico.
Ante síntomas nuevos, persistentes o preocupantes, la valoración médica es siempre importante. Incluso una persona que atraviesa un momento de gran estrés puede presentar al mismo tiempo una enfermedad orgánica que necesita tratamiento.
Pensar psicosomáticamente no significa sustituir la medicina.
Significa poder considerar al ser humano en su conjunto.
Lo que no podemos elaborar de una manera puede buscar otra vía
Quizá esta sea la idea que más me interesa de la mirada psicosomática.
Cuando atravesamos una experiencia difícil necesitamos poder hacer algo con ella.
A veces podemos llorarla.
Hablarla.
Pensarla.
Soñarla.
Compartirla.
Enfadarnos.
Encontrar un significado.
Relacionarla con nuestra historia.
Pero otras veces no podemos.
Quizá porque en ese momento nos supera.
Quizá porque aprendimos que sentir determinadas cosas era peligroso.
Quizá porque había que ser fuertes y continuar.
Quizá porque ni siquiera sabemos todavía qué nos está ocurriendo.
Entonces podemos imaginar nuestro aparato psíquico intentando gestionar una cantidad de tensión para la que, en ese momento, no dispone de suficientes recursos.
Y allí volvemos a nuestra vía más antigua.
El cuerpo.
No como castigo.
No como enemigo.
Y tampoco como un código secreto que debamos descifrar.
Sino como una parte inseparable de nosotros, que también participa en la manera en que atravesamos aquello que vivimos.
Poner palabras también puede ser una forma de cuidado
Trabajar psicológicamente con una persona que presenta síntomas somáticos no consiste simplemente en decirle:
“Esto te ocurre por estrés.”
Se trata de algo bastante más complejo.
Implica ayudar a construir conexiones allí donde todavía no las hay.
Reconocer emociones.
Registrar momentos de sobrecarga.
Relacionar experiencias.
Recuperar recuerdos.
Preguntarnos qué estaba ocurriendo cuando comenzó determinado malestar.
Y, poco a poco, ampliar la posibilidad de pensar aquello que hasta entonces quizá solo podía ser vivido.
Desde esta mirada, la palabra no sustituye al cuerpo.
Pero puede ofrecer una vía nueva para elaborar aquello que nos ocurre.
Psicoterapia y enfermedades psicosomáticas en Madrid y online
Mi formación en Clínica de las Enfermedades Psicosomáticas forma parte de la manera en que entiendo el trabajo clínico: intentando no separar artificialmente aquello que ocurre emocionalmente de la forma en que una persona habita y experimenta su propio cuerpo.
Trabajo con adultos desde una orientación principalmente psicodinámica y psicoanalítica, explorando la historia, los vínculos, los acontecimientos vitales y las formas particulares que cada persona ha desarrollado para afrontar el malestar.
Realizo psicoterapia presencial en Madrid, en la zona de Avenida de América, y online.
Cuando el cuerpo empieza a ocupar demasiado espacio
Si atravesás síntomas físicos recurrentes o que parecen intensificarse en momentos de malestar emocional, además de realizar la valoración médica correspondiente, la psicoterapia puede ofrecer un espacio para preguntarnos qué está ocurriendo y construir otras formas de elaborar aquello que estás viviendo.
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