Hay palabras que podemos traducir perfectamente y, sin embargo, sentimos que al traducirlas pierden algo.
Una expresión.
Un chiste.
La manera de llamar a nuestra madre.
Una palabra que utilizábamos con nuestros amigos.
Una frase que dentro de nuestra familia significa muchísimo más de lo que literalmente dice.
Cuando migramos no llevamos solamente nuestro equipaje.
También llevamos una forma de hablar, de relacionarnos, de demostrar cariño, de discutir, de entender la familia y de interpretar aquello que sucede a nuestro alrededor.
Y todo eso entra también en terapia.
Hablar el mismo idioma no siempre significa hablar el mismo lenguaje
Dos personas pueden hablar castellano y no compartir exactamente los mismos códigos.
Una palabra puede tener un significado diferente.
Una expresión habitual en Argentina puede sonar extraña en España.
El humor cambia.
La manera de pedir algo cambia.
Incluso la intensidad con la que expresamos determinadas emociones puede interpretarse de formas diferentes.
En una conversación cotidiana quizá esto no importe demasiado.
Pero en terapia trabajamos precisamente con las palabras.
Con aquello que elegimos para contar nuestra historia.
Con cómo nombramos lo que sentimos.
Con lo que decimos y con aquello que nos cuesta decir.
Por eso sentir que podemos hablar como hablamos realmente puede ser importante.
Hay historias que necesitan contexto
Imaginemos que alguien dice en sesión:
“Mi vieja me llamó y me hizo sentir culpable porque no voy para las fiestas.”
Comprender esa frase no consiste solamente en conocer el significado de cada palabra.
También puede ser necesario entender qué representa la familia para esa persona.
Cómo se viven las fiestas en su entorno.
Qué expectativas existen respecto de los hijos.
Qué significa haberse ido.
Qué lugar ocupa la culpa.
Cómo se percibe desde casa su vida en el extranjero.
La cultura no explica automáticamente lo que le ocurre a una persona.
Pero sí forma parte del contexto desde el que esa persona aprendió a entender los vínculos, las obligaciones, el éxito, la independencia, la pareja o la familia.
Ignorar ese contexto sería perder una parte de su historia.
El idioma también guarda recuerdos
A veces una persona vive, trabaja e incluso piensa gran parte del día en un idioma diferente al de su infancia.
Puede manejarlo perfectamente.
Pero descubrir que al hablar de determinadas experiencias necesita volver a su lengua materna.
Hay palabras emocionalmente cargadas.
Formas de nombrar a nuestros padres.
Expresiones que escuchamos durante años.
Maneras de insultar, bromear, pedir cariño o expresar dolor que pertenecen a una parte muy temprana de nuestra historia.
No significa que una terapia solo pueda funcionar en nuestro idioma de origen.
Muchas personas realizan excelentes procesos terapéuticos en una segunda lengua.
Pero sí significa que el lenguaje no es solamente una herramienta para transmitir información; también forma parte de nuestra experiencia afectiva.
¿Necesito un terapeuta de mi mismo país?
No necesariamente.
Compartir nacionalidad no garantiza que alguien vaya a comprendernos mejor.
Dos personas nacidas en el mismo lugar pueden tener historias, valores y experiencias completamente diferentes.
Un buen vínculo terapéutico requiere algo bastante más importante: curiosidad genuina por la experiencia del otro y capacidad para no interpretar todo únicamente desde los propios códigos culturales.
El terapeuta debe poder preguntar cuando algo no comprende.
No dar por sentado qué significa una determinada costumbre.
Intentar conocer el contexto desde el que la persona habla.
Y reconocer que su propia manera de entender el mundo tampoco es universal.
Dicho esto, compartir determinados códigos puede facilitar algunas cosas.
No tener que explicar una expresión.
Reconocer una referencia cultural.
Entender una determinada forma de humor.
O conocer desde dentro algunas particularidades de la experiencia de vivir lejos del país en el que crecimos.
Puede generar una sensación de familiaridad valiosa para algunas personas.
Para otras, no será importante en absoluto.
Hacer terapia siendo migrante no significa hablar siempre de migración
Este punto me parece especialmente importante.
Una persona migrante puede consultar porque tiene ansiedad.
Porque terminó una relación.
Porque no sabe si quiere tener hijos.
Porque tiene dificultades en el trabajo.
Porque se exige demasiado.
Porque repite determinados vínculos.
O simplemente porque quiere comprenderse mejor.
No todo tiene que explicarse por el hecho de haber migrado.
La migración es una parte de la historia, no toda la identidad de una persona.
Pero puede atravesar otros conflictos de maneras menos evidentes.
Quizá una separación se viva de otra forma cuando nuestra principal red de apoyo está a diez mil kilómetros.
Quizá decidir tener hijos despierte preguntas sobre dónde queremos criarlos.
Quizá un problema con nuestros padres incluya también la culpa por no estar físicamente presentes.
Quizá una crisis profesional se vuelva más difícil cuando sentimos que hemos arriesgado demasiado para construir nuestra vida en otro país.
La migración no necesita ocupar el centro de todas las sesiones para formar parte del contexto desde el que estamos viviendo.
Poder ser quien éramos y quien estamos siendo
Migrar puede llevarnos a descubrir versiones nuevas de nosotros mismos.
Cosas que antes no hacíamos.
Personas con las que antes no nos relacionábamos.
Nuevas formas de pensar.
También podemos sentir que determinados aspectos de nuestra identidad quedan más visibles cuando vivimos lejos.
Ser argentinos.
Ser latinoamericanos.
Ser extranjeros.
Ser quienes se fueron.
Ser quienes vuelven de visita.
Ser quienes ahora tienen una vida en otro lugar.
La terapia puede ofrecer un espacio en el que no tengamos que elegir entre esas versiones.
No se trata de decidir si pertenecemos “acá” o “allá”.
Se trata de comprender cómo todas esas experiencias empiezan a formar parte de quiénes somos.
Sentirse comprendido no significa que el terapeuta ya sepa
Hay una diferencia importante entre compartir referencias y creer que, por compartirlas, ya sabemos lo que le ocurre al otro.
En terapia, sentirse comprendido no significa que el profesional adivine nuestra experiencia.
Significa sentir que existe espacio para explicarla.
Que podemos corregir.
Que podemos decir:
“No, para mí eso no significa exactamente eso.”
Que nuestras palabras generan curiosidad en lugar de conclusiones rápidas.
Y que no tenemos que traducir constantemente nuestra historia para que pueda ser escuchada.
Ese encuentro —más que la coincidencia perfecta de culturas— es lo que permite construir un espacio terapéutico propio.
Mi experiencia como psicóloga argentina en Madrid
Mi recorrido personal y profesional también está atravesado por la migración.
Me formé inicialmente como psicóloga en Argentina y actualmente desarrollo mi práctica clínica en Madrid, trabajando tanto de forma presencial como online.
Compartir determinados códigos culturales con pacientes argentinos o latinoamericanos puede facilitar el encuentro, pero mi trabajo no parte de asumir que sus experiencias son iguales a la mía.
Cada proceso migratorio es diferente.
Cada familia.
Cada decisión.
Cada vínculo con el país que se dejó.
Cada manera de construir pertenencia en el nuevo.
Mi tarea sigue siendo escuchar la experiencia singular de quien tengo delante.
Psicoterapia para migrantes en Madrid y online
Trabajo con adultos desde una orientación principalmente psicodinámica y psicoanalítica, prestando atención no solamente al malestar actual, sino también a la historia, los vínculos y el contexto en el que esa persona se ha construido.
Para quienes viven lejos de su país de origen, ese contexto puede incluir también el idioma, los códigos culturales, la distancia familiar y las distintas identidades que aparecen a partir de la experiencia migratoria.
Realizo psicoterapia presencial en Madrid, en la zona de Avenida de América, y online.
Un espacio donde no tengas que traducir quién sos
Si vivís lejos de tu país y buscás un espacio donde poder trabajar aquello que te ocurre teniendo también en cuenta tu historia y tu contexto cultural, podemos tener una primera conversación para conocernos.
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